jueves, junio 12, 2008

Quienes realmente convirtieron a Pedro Antonio Marín, tan pobre de solemnidad hasta ese entonces, en un auténtico personaje de biografía fueron los “ilustres” gobernantes de la época que se les ocurrió la brillante idea de que un pequeño grupo de campesinos analfabetas que gestionaban una comuna agrícola en el culo del mundo, eran la rediviva versión criolla de los bolcheviques que tomaron por asalto el palacio de invierno en San Petersburgo.

Eso fue en 1964, y lo atacaron, él se defendió con 48 hombres que le acompañaban y años después obligó a los descendientes de los agresores a negociar con una organización que reunía unos 20.000 combatientes a principios de 1998.

Sin embargo “Tirofijo” nunca se tomó en serio aquello de que era un importante dirigente revolucionario de América Latina, y siguió llevando al cinto una cubierta “chaparraluna” que guardaba un machete de dieciocho pulgadas, de las mismas con las que limpiaba la maleza en sus años mozos, cuando jornaleaba por unos cuantos reales, en las haciendas cafeteras del viejo Caldas.

Ni siquiera Marulanda hacía referencia al hecho de que el más grande icono mundial de todos los tiempos Ernesto “Che” Guevara lo mencionara de manera relevante en el famoso Mensaje de la Tricontinental escrito de su puño y letra en el año de 1966, y publicado al año siguiente, cinco meses antes de su muerte en Bolivia[5].

Manuel Marulanda Vélez no se tragó el cuento de la fama que lo presentaba como el “guerrillero más antiguo del mundo”, y a diferencia de los jóvenes combatientes que ostentaban vanidosamente ante las cámaras de televisión sus uniformes de campaña camuflados y sus fusiles de asalto, él seguía siendo el mismo Pedro Antonio Marín, por allí, conversando con un ordeñador de vacas acerca de la manera de curar la pata de un ternero que cojeaba.

Sin portar charreteras, calzando sus botas de arriero, su pantalón de dril barato y su camisa a cuadros de cuatro pesos, hacia poner en aprietos a los más encumbrados generales de la república aprisionados en sus lustrosos uniformes de fabricación estadounidense.

Pareciera que “Tirofijo” no era conciente de lo que representaba, que a pesar de que su fotografía aparecía en la primera plana de los más importantes periódicos del mundo, y que sus imágenes eran presentadas una y otra vez en vivo y en directo por las grandes cadenas de televisión por cable, su cotidianidad proseguía igual, como sí todavía fuera el pobre muchacho campesino que se fue con la “chusma” de Modesto Ávila porque los conservadores lo andaban buscando para matarlo.

“Tirofijo” ha muerto físicamente el 26 de marzo según explica el comunicado leído por Timochenko. De inmediato el ministro de Defensa ha dicho públicamente que el alma de quien fuera el fundador y jefe máximo de las FARC se encontraba desde ese día en el infierno (lo condenó a las tinieblas sin haber hecho escala en el purgatorio). Del comentario realizado por el ministro se ha de colegir que el paraíso está reservado para él y el suyos.

Para desgracia de Colombia, las grandes y encumbradas familias que sucesivamente se han repartido el botín, y que desde luego, sus alforjas están repletas, se han reservado el derecho de mandar no sólo en la tierra sino también en el más allá, arrebatándole atributos que hasta ahora se había guardado para sí, el mismísimo dios.

No hay duda de que la soberbia de los poderosos es uno de los mayores obstáculos para la reconciliación de los colombianos. Si le creyéramos al ministro de que el alma de “Tirofijo” está en los aposentos del diablo, bien podría el jefe de las FARC, seguir la máxima de Mark Twain, y sentirse cómodo adonde lo envió el alto funcionario de gobierno, al fin y al cabo como diría el escritor nacional norteamericano: “el paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía”.
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A lo mejor, el que fuera el guerrillero más viejo del mundo, encontrará más de un personaje interesante de la Historia para conversar, para divertirse, para reírse, para darles consejos.


No sabemos sí tomar en serio o no el ofrecimiento que ha hecho el alto mando militar colombiano de ofrecer una jugosa recompensa de varios miles de dólares a quien dé informes acerca del lugar donde fue enterrado el cadáver de “Tirofijo”, a fin de “averiguar” por las causas de su muerte.

En Colombia todo parece ser serio pero al final todo resulta caricaturesco, tal como sucedió recientemente con el reloj de Raúl Reyes que fue presentado como un lujoso Rolex de varios miles de dólares, pero que a la final se comprobó que era un reloj “pirata” de los mismos que venden en el mercado de Tepito de Ciudad de México o en El Boliche de Barranquilla por unas cuantas calderillas.

En Colombia las noticias de la guerra han llegado a tal grado de banalidad hasta el colmo de que lo trágico se trasmuta, como por arte de magia, en algo cómico.

Fueron más de sesenta años, miles de muertos y millones de dólares que se emplearon para matar a “Tirofijo” y sin embargo no pudieron lograrlo. Ahora que se sabe que está bien muerto, la pregunta es: ¿Cuántos años, cuántos muertos y cuántos dólares se necesitarán para dar con los restos de “Tirofijo”?

La última vez que presencie físicamente a “Tirofijo” fue en el campamento de “hueco frío” donde funcionaba la Escuela Nacional de Cuadros “Hernando González Acosta” dirigida en ese entonces por Timochenko.

Habíamos finalizado una maniobra de entrenamiento con su columna de marcha, y Marulanda asistió personalmente a la reunión de balance y clausura del curso. Iba acompañado de un formidable perro ovejero bautizado con el nombre de “Danger”, y había abandonado recientemente el consumo de cigarrillos: los celebres “Pielrojas” que lo acompañaron durante muchísimos años en sus campañas.

En aquella jornada estuvieron también Jacobo Arenas y Alfonso Cano. Desde entonces han pasado veintitrés años y escribo estás notas a miles de kilómetros de aquel lugar, desde una escuela que estudia los conflictos armados en el mundo y propende por la resolución dialogada de los mismos.

He cerrado de mi vida el capítulo de la lucha armada luego de pasar un tiempo en la prisión, y desde este lugar pienso en Miguel Pascuas – apodado “El sargento Pascuas” por quienes frecuentan los círculos de la guerra – el único sobreviviente activo de aquellos cuarenta y ocho hombres que resistieron el ataque oficial contra Marquetalia en mayo de 1964.

Pienso también en Alfonso Cano, el nuevo comandante en jefe de las FARC, con quien comparto el gusto por la música salsa y el futbol.

En algunos momentos conversé con Pascuas en la zona montañosa de Corinto, territorio de los indígenas paeces, y también en un viejo campamento en El Pato, y la idea que me formé de él es que conserva el mismo componente de todos los marquetalianos: la humildad.

En la Segunda Conferencia Nacional de Organización de la Juventud Comunista en el año de 1977 coincidí con Cano, a la postre secretario de organización del regional de Bogotá para la época.

Algunos años después, militantes ambos en las filas de las FARC, charlábamos muy animadamente, y entre bromas, sobre el futuro de la organización.

Era Alfonso Cano miembro del Secretariado y yo responsable de un frente en el suroccidente del país y conmemorábamos para esos días el vigésimo aniversario de las FARC. En resumidas cuentas: Pascuas es la impronta viviente de un asunto campesino que aún está por resolver en Colombia, y Cano es la nueva generación de guerrilleros farianos llamados a sellar un pacto definitivo: una paz que beneficie al conjunto de la sociedad colombiana.
Mayo de 2008


[1] Véase revista Diners
[2] Vivir para contarla. Editorial Mondadori, página 553
[3] En 1980 durante una importante operación en la región del Guayabero, el ejército empleó un nuevo modo de operar contra la guerrilla, desplazándose a campo traviesa y sin dejarse detectar por la población civil. En respuesta las FARC contrapuso una nueva táctica que se materializó en su plan “Cisne 3”
[4] Véase diario El Espectador. Edición del 31 de mayo de 2008
[5] Ernesto “Che” Guevara. Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental. Abril de 1967


*Yesid Arteta Dávila, abogado y escritor. Fue combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC EP. durante 13 años. Luego de su captura, permaneció en las cárceles del país 10 años y 14 días, hasta que recuperó su libertad el 12 de julio de 2006.
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La imagen muestra al ex guerrillero Yesid Arteta al momento de abandonar definitivamente la prisión el 12 de julio de 2006.


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