miércoles, julio 01, 2015

Parauribismo
El gobierno de Uribe fue un gobierno de delincuentes
Por Camilo Raigozo. Notimundo

Nuevamente así lo demuestra la próxima imputación de cargos que la Fiscalía General de la Nación hará contra los presuntos delincuentes Edmundo del Castillo y Cesar Mauricio Velásquez, altos funcionarios del gobierno de Álvaro Uribe.

Según el ente acusador ambos incurrieron en los delitos de concierto para delinquir y en el caso Del Castillo, además los delitos de violación ilícita de comunicaciones y peculado por apropiación.

Esta imputación también cobija a otros dos presuntos bandidos cercanos a Uribe identificados como Sergio González y Diego Álvarez, ambos abogados.

Del Castillo y Velásquez habrían hecho parte de la tenebrosa estrategia de Uribe de calumniar y desprestigiar a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia por haber actuado rigurosamente en investigaciones contra políticos ´paras’, entre estos Mario Uribe, su primo.

Estos sujetos también están acusados de reunirse con narcoparamilitares en “la casa de nari”, como en el caso de alias “job”, y del mismo modo habrían actuado en los montajes contra Yidis Medina.

Hace una semana fue llamado a declarar ante la justicia Mario Montaya, comandante del Ejército en el gobierno Uribe quien tiene acusaciones por asesinatos a sangre fría y complicidad con el paramilitarismo.

Treinta días atrás fueron capturados los ministros Sabas Pretelt y Diego Palacio, lo mismo que su secretario general Alberto Velásquez. El Comisionado de Paz de Uribe, Luis Carlos Restrepo, es prófugo de la justicia  y su ex ministro consentido Andrés Felipe Arias fue condenado y también huye de la justicia.

Hace pocos meses fueron condenados Bernardo Moreno, secretario general de Uribe,  y María del Pilar Hurtado, su secuaz en el DAS. Así mismo su último candidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, está siendo investigado por la Fiscalía.

A lo anterior hay que agregarle las investigaciones y condenas contra cúpulas del DAS entre los que se destacan Jorge Noguera y otros importantes delincuentes. Cabe anotar que varios exfuncionarios del DAS y paramilitares han declarado que este organismo fue entregado por Uribe a los paramilitares.

En este aparato criminal, en lo que fue convertido el DAS, quedan procesos pendientes como son los casos contra Andrés Peñate, Jorge Mario Eastman y Joaquín Polo, mientras que el proceso contra José Obdulio Gaviria fue remitido a la Corte Suprema porque ahora el presunto delincuente goza de fuero especial como senador.

Cebe recordar que los jefes de seguridad de Uribe, muy allegados a él, Mauricio Santoyo y Flavio Butrago, generales de la Policía, resultaron ser delincuentes ligados al narcoparamilitarismo. El primero está en una cárcel de Estados Unidos y Buitrago fue destituido y tiene medida de aseguramiento.

A lo anterior hay que sumarle los crímenes cometidos por las fuerzas militares y de policía bajo el gobierno de Uribe, que se cuentan por miles según el último informe de la ONG Human Rights Watch.

En este escándalo varios generales, coroneles y otros presuntos delincuentes de alto rango fueron señalados como responsables de centenares de asesinatos contra civiles, más conocidos como falsos positivos.

Contra Álvaro Uribe existen al menos 276 investigaciones en la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, que van desde masacres, asesinatos, paramilitarismo, corrupción y muchos delitos más, pero los procesos no avanzan. 

Sin embargo por el número de altos funcionarios de su gobierno investigados y condenados, se puede afirmar que el gobierno de Uribe Vélez fue un gobierno de delincuentes.


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miércoles, septiembre 03, 2008

La «Casa de Nari»
Por Carlos A. Lozano Guillén. Voz

Los últimos días han sido duros para el presidente Uribe Vélez, después de conocerse la visita a la Casa de Nariño hace unos meses, con ingreso por la puerta por donde entran los altos funcionarios, del paramilitar «Job» y un abogado, enviados de «Don Berna », para conversar con Edmundo del Castillo y César Mauricio Velásquez, dos de los cortesanos de la «Casa de Nari», como ahora se le conoce, debido a que así la llamaba «Job», un nombre más bondadoso que el de «Casa de Narquiño », como la apodan algunos periodistas.

El Presidente reaccionó con agresividad. «La mejor defensa es el ataque». Arremetió contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, los dirigentes liberales y del Polo Democrático Alternativo.

Es su forma olímpica de sacarle el cuerpo a las necesarias explicaciones y con la ayuda de los grandes medios llevó el debate a la discusión de si la presencia de los visitantes de la sede presidencial había quedado o no en los registros de la guardia y en los videos del circuito interno.

Algo irrelevante, porque no resuelve el problema de fondo de la censurable reunión de funcionarios de la Presidencia con dos enviados de un capo, uno de ellos con reconocido vínculo con los paramilitares, que iban a denunciar supuestos delitos, esfera de la competencia de la rama judicial.

Pocos días después de la reunión en la «Casa de Nari», «Job» fue asesinado en Medellín en circunstancias aún no esclarecidas. También surgieron otros escándalos que comprometen al Gobierno, como los vínculos del hermano del Ministro del Interior y de Justicia y de importantes oficiales y miembros del Ejército y la Policía con el narcotraficante «Don Mario».

Igual, en el sonajero delictivo se escucharon nombres de funcionarios y funcionarias del Gobierno. Con ironía un abogado de los que participaron en la «Caravana Jurídica Internacional» de la semana pasada, dijo: «¡Qué precioso Gobierno tienen ustedes!».

Sin embargo, ante las evidencias el presidente Uribe Vélez no cede y ni siquiera atiende el consejo del vicepresidente Francisco Santos, de sacar la bandera blanca de reconciliación con los demás poderes e instituciones a los que agrede. Es la manera de desviar el debate de los problemas de fondo y de la crisis política que sacude el país y que debilitan su gobernabilidad, entre estos el huracán social que se avecina.

En las recortadas cifras oficiales del desempleo éste se colocó de nuevo por encima del 12 por ciento y Uribe se lo achaca a las altas tasas de interés, como si la desaceleración de la economía no obedeciera a otras causas más influyentes como la política neoliberal, la dependencia de los gringos y el crecido gasto público en guerra y represión. Es el ocaso del Mesías y de sus cortesanos de dudosa ortografía.

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